Relatos Eróticos

Clases de Salsa

Esa noche se había decidido. Iría a ese local donde impartían clases de baile de salsa. Le encantaban los bailes latinos, le parecían muy sensuales. Eligió meticulosamente su vestuario, un conjunto de lencería sexy negro, de encaje y un mini vestido del mismo color con un generoso escote. Había decidido llevar su largo pelo negro en una coleta. Ligeramente maquillada salió de casa.

Cuando llegó al local estaba algo nerviosa ya que no sabía bailar bien, sólo algunos pasos básicos y además, no conocía a nadie.

Entró y mientras buscaba con su mirada al profesor, se cruzó con él. Era alto, moreno, con barba de pocos días muy bien cuidada. Fuerte, musculoso. Un hombre como a ella le gustaban. Llevaba camisa ajustada que marcaba todos los músculos de sus brazos y pecho. Unos vaqueros también ajustados marcando un culo fuerte y musculado. Se sintió atraída desde el primer momento.

Empezaron las clases. Había intercambio de parejas… hasta que les llegó su turno. Los dos eran igual de torpes en el baile y se rieron mucho. Hubo primeros roces, ella estaba muy excitada.

Terminaron las clases y los alumnos tenían por costumbre quedarse a tomar una copa juntos antes de volver a casa. Ella se dirigió a la barra y mientras esperaba a que le sirvieran su ron, apareció él justo a su lado pidiendo exactamente lo mismo que ella. Se miraron. Ella sintió cómo la excitación mientras bailaba volvía a apoderarse de todo su cuerpo. Él se le acercó, la agarró de la cintura y le susurró al oído “también quiero tomarte a ti”. En ese mismo instante, sintió humedad en su sexo. Cogieron su copa y se apartaron a un lugar oscuro y escondido del local. Los asientos eran como bancos de madera, con grandes almohadones en asiento y respaldo para mayor comodidad y una mesa del mismo material.

Se sentaron al lado uno del otro. La única luz que les iluminaba era la de una vela encendida en medio de la mesa. No hablaron mucho. Sus miradas y cuerpos pedían a gritos que terminara esa tensión sexual. Él se acercó a ella. Volvió a cogerle de la cintura y la acercó aún más a él. Con la otra mano le cogió la nuca y la besó, con mucho cuidado, suave, sabía perfectamente lo que hacía…

Como ella le correspondía, bajó una de las manos hasta la pierna, acariciándola suavemente, desde la rodilla a la cadera, primero por la parte más externa y poco a poco por el interior del muslo. Ella cada vez más y más excitada hizo lo mismo y sin casi darse cuenta, había puesto su mano en ese miembro tan apetecible. Estaba tan duro que parecía que iba a atravesar los pantalones. Poco a poco, él metió su mano por debajo del vestido y con un dedo, tocó suavemente su sexo. Estaba muy húmedo, dispuesto a que le dieran placer. Apartó con el resto de la mano el tanga y empezó a juguetear con un dedo por su sexo, húmedo, metiendo y sacando, suavemente, mientras que con otro le frotaba el clítoris.

Todo era muy excitante. Sabían que no estaban solos y que cualquiera podía verles. Ella empezó a desabrocharle los botones del pantalón para dejar libre el espectacular miembro. Metió la mano por debajo del calzoncillo y ahí estaba, algo mojado por el glande, tan excitado como ella. Quería metérselo en la boca y probar a lo que sabía ese primer fluido que emanaba de su pene.

Sus respiraciones eran cada vez más fuertes. Se miraron y se levantaron sin decir una sola palabra. Se dirigieron al coche de él y sin casi darse cuenta, ella ya estaba deborando el miembro. Le lamía, le sorbía, se la metía y movía de arriba a abajo, su boca estaba siendo follada y todo esto sin apartar su mirada a la de él.

Mientras tanto, él le tocaba los pechos por encima del vestido, acariciando su culo, tocando suavemente los labios vaginales. Ella retiró su boca y se sentó encima de él. Su pene encajó perfectamente dentro de ella, húmeda y dilatada. Desabrochó uno a uno los botones de su camisa y pasó sus manos por su musculado pecho ya desnudo, subiendo hasta su nuca, agarrándole el pelo. Sin parar de moverse, delante y detrás, frotando su clítoris en el vientre de él, se echó un poco encima y se acercó a su cuello, dándole suaves mordiscos.

El cogió el vestido que aún llevaba puesto y con un gesto se lo quitó por la cabeza. Con destreza le desabrochó el sujetador y dejando los pechos libres, empezó a chupárselos, mordisqueando con delicadeza los pezones, y azotando ese culo que tanto deseaba poseer.

Ella gritaba, gemía, el roce de su clítoris contra él, sintiéndole dentro de ella, hizo que se corriera mientras él la miraba sonriendo. La dejó que se recuperara un momento. Ahora le tocaba a él. La quitó de encima y la puso a cuatro patas en los asientos del espacioso habitáculo. Se agachó y empezó a lubricar con saliva su ano. Cuando consiguió que estuviera tan receptivo como él quería, se incorporó y le acercó su erecto pene. Con mucho cuidado y suavidad fue introduciendo poco a poco su miembro, dejando que ella con ligeros movimientos mandara en la penetración. Llegó al fondo. Empezó el movimiento, dentro, fuera, era sensacional notar la presión del esfínter en su pene. Ella alargó el brazo y a tientas sacó un pequeño vibrador para clítoris que SIEMPRE llevaba en el bolso.

Mientras era penetrada una y otra vez, encendió el aparatito y empezó a masturbarse el clítoris. El placer era extremo, era muy excitante escuchar los gemidos y respiración cada vez más acelerada de él. Le encantaba dar placer, en esos momentos se sentía más mujer que nunca. Con la voz entrecortada le dijo que se iba a correr, eso la hizo enloquecer. Ella le contestó que terminara dentro, que no sacara su pene hasta que la llenara de todo su placer. Y mientras su pene convulsionaba dentro, ella se corrió una vez más.

 

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