Sexualidad

Los huevos (eróticos) están de moda

Cosas de la vida, la eterna pregunta de si la gallina precedió al huevo o viceversa ahora introduce una variante con clara respuesta: el huevo fue, sin duda, antes y después.

Lo que no me esperábamos nosotros es que esa bendita pompa tan frágil de proteínas se convirtiera en inspiración sexual.

Tengo que reconocer que, en esta ocasión, no me he quedado con cara de alucine delante de la estantería.

Un huevo, hasta la fecha, sabemos reconocerlo. Son iguales que los de mi pueblo pero eso sí: con unas utilidades y una tecnología que, de enterarse las gallinas, andarían la mar de deprimidas.

Pero es que incluso, entre los huevos que nada tienen que ver con esos que metemos en la nevera, hay clases. La de cosas que se descubren, oiga.

Tipos de huevo erótico

Para empezar, tenemos el modelo clásico: un huevo masturbador pensado para ellos. Viene del lejano Japón –me tienen a mí fascinada estos nipones- y, además de venir envasado con precinto y todo, es un invento la mar de curioso. Súper elástico y diseñado con pequeñas protuberancias, puede adaptarse tanto a un vibrador como a un pene.

El tema, todo hay que decirlo, es que el huevo vibrador es hasta mono, y su tacto gelatinoso produce una sensación muy agradable. Y, por si a alguien le quedan dudas, sus fabricantes tienen hasta spot en clave de humor.

Si ya me parece cuanto menos peculiar este invento, existen otro tipo de huevos vibradores en las jugueterías para adultos como el de la nevera, pero quizá hasta puede tener hasta más propiedades, como ejemplo un mando a distancia para poder controlarlo de manera inalámbrica.

Algo que, está claro, puede sumarle muchos enteros a la picardía y a los preliminares de cualquier juego erótico. Claro que, pienso yo, en unas manos un tanto gamberras puede jugarnos un par de malas pasadas. No me quiero imaginar la situación peleándote por el control de este mando en particular que tiene hasta diez intensidades y modalidades diferentes de vibración según el modelo a disposición de la masturbación… eso sí, compartida. No puedo evitar imaginarme que, en mitad de una cena familiar, a alguien le dé por darle al play y estemos dentro del radio de diez metros de alcance que tiene el aparatillo.

Así que, siento romper la norma del refranero español. Pero, en los tiempos que corren, ya no es imprescindible ser padre para comer huevos… ¡o lo más parecido!

Y, si eres de los que ya no han llegado ni siquiera a esta línea para salir a comprar un huevo erótico, sólo puedo desear lo que cualquiera: bon appétit!

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