Relatos Eróticos

Relato erótico – De regalo un masaje

Mis amigas me regalaron para mi cumpleaños un vale para un masaje. No me acompañó ninguna, así que acudí nerviosa a la cita; después entendí porque no vino nadie conmigo.

Me abre la puerta un chico alto, moreno, muy atractivo, eso me pone aún mas nerviosa. Me lleva a una cabina para que me despoje de mi ropa y me indica una camilla. Me relajo y empiezo a disfrutar del masaje…

Siento sus manos untadas en aceite sobre mis hombros, la espalda desnuda arqueándose al contacto con sus manos; manos firmes, grandes, pero a su vez rápidas, ágiles. Sigue bajando por mis riñones, pasando las manos bajo la toalla… Por un momento me olvidé que estaban dándome un masaje profesional.

Me dejo llevar por el placer que me dan esas manos. Gimo sin darme cuenta, pero él lo oye.

Quita la toalla y no me inmuto. Abro inconscientemente ligeramente las piernas, invitándole a seguir mas allá.

Vuelve a untar sus dedos en aceite de masaje y me muerdo los labios al verlo. Sus manos están en la parte interna de mis muslos… y acerca sus manos a mi sexo… suavemente, acariciándolo… pasando un dedo por mi raja… humedeciéndome, encendiéndome, queriendo más.

Toma valor e introduce su dedo corazón dentro de mi sexo. Un dedo… dos… De reojo veo que debajo de su pantalón corto algo esta a punto de estallar.

Por un momento quiero darme la vuelta y quitarle la ropa, pero prefiero esperar a que siga con lo que ha empezado.

Sigue con sus dedos jugando dentro de mi. Mi respiración se agita. Me noto cada vez mas húmeda al contacto de las yemas de sus dedos. Aprieta mi clítoris, lo coge entre dos dedos y lo frota…

Si sigue así voy a gritar.

Oigo como se mueve y se coloca a los pies de la camilla. Noto su lengua húmeda. Su lengua y sus dedos me llevan al orgasmo con un grito grave.

Deja que tome aire… sonriendo. Una sonrisa deliciosa que me hace desear probar sus labios.

Me incorporo sobre la camilla, separo las piernas y se coloca entre ellas. Se inclina sobre mí y me dá a probar esa sonrisa. Nuestras lenguas se pelean, con ansia, con ganas… pero mis manos no pueden esperar más y se deslizan por dentro de su pantalón.

Rozo su pene… duro, nervioso, tenso. Mi mano lo agarra con fuerza mientras le miro a los ojos.

Gime al contacto de mis caricias…

Mi mano recorre su pene. Me sonríe diciendo… “es tu regalo”. El mío me lo darás la semana que viene, que será mi cumpleaños… si lo deseas.

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