Relatos Eróticos

Historia de una Cocina

El leve sonido de sus pies descalzos por el parquet le conectó de nuevo con su lado consciente… El día anterior había caído en la cama tan cansado que ni la había oído llegar. Qué bien que era sábado… Se acurrucó mientras el resto de sonidos le transportaban a la cocina, donde ella había llegado ya.

El grifo del agua… Llenando la cafetera… El borboteo posterior del café haciéndose… Y su delicioso olor… casi hipnótico a esas horas…

Ella tarareaba algo dulcemente…

El cajón de los cubiertos…. Con su tintineo metálico…El sonido de la loza de las tazas y platos… Más café cayendo en la cafetera…

El chasquido de la palanca de la tostadora… y el olor a pan tostado…

El dulce tarareo

Él ya estaba en la cocina, pero ella no notó su presencia hasta que sintió su beso en la nuca…

¿Tienes hambre? Toma… y le acercó una taza de café humeante…

Él la cogió… y la puso de nuevo en la encimera

Sí, tengo mucha hambre… susurró mientras le abría la bata y acercaba su cuerpo al de ella, besando su cuello mientras metía sus dedos entre su cabello… “Estoy hambriento…” le dijo al oído

La bata estaba en el suelo…y también el camisón, al que sólo tuvo que deslizar los tirantes por sus hombros para que cayese como una hoja de otoño…

Él recorrió sus costados con la punta de los dedos, de las caderas a las axilas, notando un leve estremecimiento…

Sin dejar de acariciarla, ahora recorriendo su vientre y sus pechos, la besaba dulcemente, con delicadeza, como se besa a un niño que duerme…

Sus manos pasaron a sus nalgas, ese culo perfecto en forma de corazón que él adoraba. Lo amasaba suave pero firmemente, haciéndole sentir la fuerza de sus manos…

Ella aprovechó ese momento para deslizar sus manos por la cintura de su pijama y bajárselo hasta los muslos, llevándose con él también sus calzoncillos, aunque notó una pequeña resistencia, su miembro, que había crecido hasta desarrollar una firme erección…

Con las manos aún en sus nalgas la levantó suavemente… Ya sentada en la encimera aprovechó para mirarla con esa media sonrisa que ambos tenían en sus caras… Cálidos rayos de sol temprano se filtraban por la ventana y dibujaban sinuosas sombras en sus pechos, que ya estaban erectos esperando su boca. No tuvieron que esperar mucho…

Él comenzó a satisfacer su apetito lamiendo esos pechos suaves, frescos al contraste con su boca cálida, su sabor mezclado con el aroma a café, a tostadas, al retazo de perfume que ella aún conservaba en su piel, le estaba volviendo loco…

Ella respiraba profundamente… Y acariciaba la cabeza de su hombre mientras él descendía hacia su ombligo y su vientre.

Ella le rodeaba con sus muslos… Él se incorporó para deshacerse de las braguitas que aún cubrían el sexo húmedo de su chica.

Sus miradas se cruzaron, ella rodeó su rostro con las manos. Se miraron. Les encantaba mirarse… Sin mediar palabra, se decían muchas cosas… te deseo… te quiero…

Ella le besó. Jamás nadie había conseguido excitarla tanto con solo un beso…

Sus piernas le rodearon y le acercaron firmemente a ella, que deslizó su cadera hasta el borde de la encimera… Su sexo ardía…

Él sabía que ella quería sentir su miembro dentro, era urgente…

Agarró sus nalgas, y se hundió en ella, que soltó un gemido dulce…

No habían dejado de mirarse…

Así, sin separar sus miradas, sonriendo, con la boca entreabierta, empezaron a ondular sus caderas. Ella había echado sus brazos hacia atrás para apoyarse firmemente en la encimera y facilitar sus movimientos…

Eso hacía que su cuerpo quedara arqueado, los pechos enhiestos… Y atraía la atención de él, que sacó una de sus manos bajo su trasero para acariciarla…

Recorriendo su cuerpo de abajo arriba, sólo con la punta de los dedos, suavemente…

El pubis, el vientre… se detiene un instante en el ombligo, circunvalándolo… siguen subiendo hasta sus pechos, se acercan a sus pezones… que están duros, a flor de piel, como bornes de batería, desprendiendo electricidad de pura excitación… y se los pellizca dulcemente… ella suelta un gritito de placer…

Sus caderas continúan ondulando… su miembro sigue penetrando… su mano llega a la boca de ella ofreciéndole el dedo corazón, que ella se introduce en la boca y empieza a chupar… mirándolo cada vez con mayor intensidad, sus ojos vidriosos… sus cuerpos ya perlados de sudor…

Vuelve a levantarla, ella le abrazaba con todas sus extremidades, como si algo pudiera arrancarlo de su lado. Ni de broma… Ese hombre no iba a marcharse a ninguna parte. Salvo, tal vez, a la mesa de la cocina.

La depositó delicadamente, pero, mientras cogía suavemente su cuello con la mano derecha para echarla hacia atrás, su mano izquierda la cogía de la cadera y la giraba.

Tumbada boca abajo sobre la fría mesa… sus piernas apoyadas en el suelo… sintió el calor de su miembro entrando en ella de nuevo… poderoso… embistiendo su cuerpo.

“Cuidado”…ella sólo pudo decir eso mientras veía tumbarse la jarrita de leche y su contenido sobre la mesa… avanzando hacia ella… hasta que mojó sus pechos, que resbalaban por la superficie de la tabla mientras él seguía penetrándola, agarrando sus nalgas.

Ella flexionó la pierna derecha y apoyó el interior de su muslo y de su rodilla en la mesa para abrirse más a su amante, que seguía embistiendo.

Metió su mano derecha mojada de leche bajo su pubis, y se acarició el clítoris… la leche goteaba por su pierna izquierda y llegaba al suelo…

“Dios mío voy a correrme, no pares…”

Él no paró… Y ella resbalaba por la mesa mientras cerraba los ojos presa del orgasmo…

Gemía diciendo su nombre…

Él echó su cuerpo sobre ella, estaba listo para abandonarse al mismo placer… rugió sobre ella mientras se derramaba en su interior…

Permanecieron un rato boca abajo sobre la mesa, recuperando el aliento. Él besaba su nuca mientras ella sonreía… “Necesitamos una ducha eh?” susurró ella, divertida, “bien caliente” dijo él… “como ese café que aún sigue en la encimera”

Pero aunque el café se había enfriado ya, tal vez ellos aún no…

Ella caminaba de nuevo, descalza, esta vez hacia la ducha…

“Sigues teniendo hambre…?”

“Estoy hambriento” volvió a decir él

Los sonidos cambiaron… el grifo de la ducha…

Se tomó un rato para mirar cómo se mojaba, cómo descendía el agua por su espalda… mientras lentamente el vapor caldeaba el baño…

Autor: Dorian Gray (pseudónimo)

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