Relatos Eróticos

Relato erótico – Reencuentro en pareja

Fernando y yo no solemos tener a menudo mucho sexo anal, debido al tamaño enorme que tiene mi chico entre las piernas. Pero, de vez en cuando, cuando los dos estamos absolutamente abandonados al placer más frenético y cachondo, no pensamos en las consecuencias y sin decirnos nada (no hace falta) nos dedicamos a disfrutar de las penetraciones y juegos anales más excitantes.

Así llegó el pasado Viernes 13 de Junio, después de una semana fuera de casa trabajando sin parar. Nos dimos una ducha fresca juntos y después caímos en la cama extasiados pero con las ganas más que suficientes de ponernos manos a la obra.

La excitación era increíble, debía ser el principio del calor.

En este momento, el estaba rudo y grosero y me llama “guarra” y “perra” con toda naturalidad. Mientras usaba el lenguaje sucio conmigo, también conocido como dirty talk, empujó mi cabeza hacia abajo en dirección a su polla hasta que la introdujo hasta el fondo de mi garganta. No podía respirar y me atragantaba, una vez y otra, hasta que comencé a jadear y babear. Me encantó, era lo que necesitaba justo en ese momento.

Con esos mismos bruscos modos, me colocó a cuatro patas en el borde de la cama y haciendo cosas increíbles en mi coño con sus potentes dedos, me miró viciosamente y me susurró al oído “Te voy a follar todo el culo”.

– “Si”, llegué a conseguir susurrar mientras me estremecía de placer bajo su bruto poder.

Cogió el lubricante anal y después de aplicarlo sobradamente, de manera sorpresiva, comenzó suavemente a entrar dentro de mí pero por detrás. Una acción tan deliciosamente lenta y delicada que acabé rogándole que le diera vigor a la penetración.

Despacio y con pasión. Disfrutamos como nunca del sexo anal

– “Voy a darte con dedicación y lentamente” me gimió al oído. Su cambió de actitud me sorprendió y me hizo estar más caliente.

Y así fue durante durante mucho tiempo. Su polla exploraba mi interior anal por izquierda, por derecha, más profundo y alrededor del ano. La compenetración era tal, que de repente los dos nos quedamos bloqueados con un clímax simultáneo. Fernando, se vació dentro de mí y un orgasmo anal que llegó tan fuerte que me dejó sin respiración y me abrumó, estremeciéndome de placer.

En seguida, y sin motivo, me puse a llorar.

Este llanto confundió tanto a Fernando como a mí, pero él me abrazó cariñosamente y me consoló. Cuando me tranquilicé, le pedí disculpas sinceras por ser tan emotiva y haber acabado así, pero el se rió y respondió: ” Amor mio, el sexo más real debe acabar con lagrimas de alegría, ¿no crees?”

– Si, así lo creo. Le respondí mientras nos volvíamos a comer a besos.

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