Relatos Eróticos

Relato erótico – Tormenta en el parque

Estábamos paseando ella y yo por el parque, hacía tiempo que nos veíamos. El día estaba soleado pero empezaban a verse gruesas nubes en el horizonte. Charlábamos sobre nuestras vidas, ella seguía en la universidad y yo trabajando en la empresa de mi padre.

Una gota de agua le cayó en el labio y mirándome se la quitó con la punta de la lengua metiéndola en su boca.
Yo me quedé boquiabierto mirándola. Al minuto comenzó a llover con fuerza y tuvimos que correr por calles desiertas.

Ella llevaba una camisa blanca y empezó a calarse lo que me hizo apreciar que no llevaba sujetador y podia ver sus pezones bajo la tela mojada. Eso me excitó y mi pene comenzó a ponerse duro, ella lo estaba viendo y también sabía que me moría por comerme sus pezones redondos.

Comenzó a tiritar y yo para darle un poco de calor la abracé y sus tetas se pegaron a mí, ella también estaba sintiendo mi erección, me miró y sonrió timidamente. Comenzó a besarme y me rodeó el cuello con sus brazos a la vez que yo la estrechaba más junto a mi agarrrado a su cintura, nuestras lenguas se buscaban ansiosamente y al morderle el labio inferior sentí como se extremecía jadeante.

Volvimos a correr pero esta vez buscando un hostal o lo que fuera, solo necesitaba una cama para liberal toda la excitación que sentía.

En cuanto llegamos a la habitación y trás cerrar la puerta le arranqué la camisa y empecé a saborear cada pezón erecto con sabor a lluvia.

Ella empezó a gemir echando la cabeza hacia atrás mientras mordisqueaba y lamía sus tetas salvajemente. me desabrochó el pantalón y cogió mi verga dura acariciándola con sus manos humedas. Yo quería penetrarla ya, pero ella comenzó a pasarme la lengua por la punta mientras seguia cogiendomela con la mano.

La agarré la cabeza con fuerza para que entrara toda en su boca ¡ah!, como la chupaba. empezó un compás cada vez más salvaje y su boca y lengua no paraban. Justo cuando yo estaba a punto de explotar ella se apartó y me dijo metemela ya, ahora, la quiero toda.

Me tiró a la cama se quito el tanga y se subio encima de mí metiendosela poco a poco, centímetro a centímetro. Yo la sentía muy humeda y estrecha, comenzó a moverse de arriba a abajo aumentando poco a poco el ritmo.

Jadeaba cada vez más deprisa y yo me retorcía de placer. Se echó sobre mi pecho y ambos estallamos entre gritos en un explosivo orgasmo…

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