Relatos Eróticos

Relato erótico – Una cita importante

No podía dejar de pensar en él. En su boca, esos besos cargados de pasión, ternura y desesperación hacía mucho que no los sentía. Cada día en la ducha cuando llegaba de hacer mi deporte diario tras el trabajo pensaba en esos besos mientras sus manos me acariciaban.

Cerraba los ojos y me dejaba llevar notando cada vez más mi humedad.

Comenzaba a masajear mis pechos y seguía con mi clítoris mientras mi imaginación volaba entre sus brazos y sentía su pene erecto acariciándome por todas las partes de mi sexo cada vez más excitado. Así conseguía un orgasmo tras otro yo sola disfrutando de ese momento.

Hacía demasiado tiempo que no le veía para el que estaba acostumbrada a tenerle, a sentirle, a poder olerle y saborearle. Nunca imaginé que pudiera estar sin él todo este tiempo y no sabía hasta cuando, ni siquiera si ocurriría alguna vez más en mi vida.

Esa mañana estaba en la oficina cargada de llamadas y visitas no programadas y llegaron a estresarme ya que tenía una cita con un nuevo cliente en su despacho y todo apuntaba a que llegaría tarde. Cuando pude colgar con la última llamada apagué el ordenador, cogí el bolso y fui a buscar mi coche.

Noté el fresco que hacía en el parking ya que al salir a la calle tras abandonar mi puesto noté un calor sofocante. Tenía que ir a otra ciudad y tenía dos horas de camino. Revisé que no me olvidaba de nada, llevaba todo lo que iba a necesitar en esa reunión.

Según el correo se trataba de un nuevo proyecto y una nueva ampliación de negocio pero no tenía muchos detalles más. Estaba algo intrigada porque tampoco conocía a la persona que solicitaba mi visita. Pero siempre me gustaba captar nuevos clientes y tener nuevos retos que afrontar en mi trabajo. Puse el mp3 del coche y me puse en marcha.

Entré en la puerta del edificio y subí en el ascensor hasta la última planta. Entré en la oficina y me identifiqué. Seguí por un largo pasillo hacia el despacho que me habían indicado toqué la puerta y esperé.

Casi se me cae el maletín con mis cosas cuando esta se abre y aparece él. Sí era él. No estaba perdiendo la cabeza pero llegué a notarme mareada.

– Hola, ¿Qué tal? -Me dijo mirándome fijamente invitándome a pasar y nos dimos dos besos.

– Sigues teniendo el defecto de ser algo impuntual. -Me soltó mientras retiraba la silla.

– ¡Ehhhhh! yo no sabía que se trataba de ti.

– Lo sé. Es verdad que estoy con un nuevo proyecto y quería comentártelo pero en realidad la necesidad de verte es lo que me ha hecho traerte hasta aquí.

Yo le miraba sin saber muy bien qué decir y su mirada era tan fuerte e intensa que hacía que me sintiera cada vez más nerviosa y eso que le conocía como a pocas personas en este mundo.

– Siéntate por favor. -Y se dirigió a su sillón para ponerse enfrente de mí-. Estás preciosa.

– Gracias. -Alcancé a decir.

Giró la pantalla del ordenador para enseñarme de que se trataba el negocio. Comencé a tomar notas y nuestras miradas no dejaban de cruzarse. No podía evitar mirarle continuamente a su boca. Estaba segura que se había dado cuenta.

Cuando terminó y tras hacerle algunas preguntas para solventar mis dudas me puse a explicarle cuales serían los pasos que debíamos seguir para llevar a cabo todo lo que él necesitaba y el plan de trabajo.

Mientras yo hablaba él me miraba y tenía la sensación de que no me estaba escuchando sino sólo observándome de una forma cada vez más intimidatoria.

Miré el reloj que tenía enfrente y no sabía si estaba mal o era cierto que ya habían pasado casi dos horas.

Ya habíamos terminado por hoy, ahora quedaba analizar bien el trabajo, pasarle el presupuesto y seguramente concretar detalles que siempre se escapan la primera vez.

Apagué mi agenda, la entré en su funda cogí mi bolso y me levanté.

– ¿Tienes prisa?

– No. -Contesté.

Se levantó y dio la vuelta a la mesa dirigiéndose a mí. Se acercó invadiendo mi espacio vital y su mirada era descarada hacia mis labios. Acercó los suyos a los míos y me dijo:

– Hace demasiado tiempo que no estoy dentro de ti y voy a follarte. ¿Tienes alguna objeción?

Me recorre con un dedo el escote trasero de mi vestido, desde la nuca hasta mi cintura con sus ojos fijos en mí y llenos de deseo.

Sus palabras y su caricia ya han provocado en mí un efecto inmediato cargado de lujuria.

– ¿Me preguntas si puedes follarme?

Se pega más a mí y pasa la punta de su lengua por la comisura de mis labios. Percibo más intensamente su aroma y mi corazón palpita a un ritmo desorbitado. Entra la mano por debajo de mi vestido y un dedo atraviesa el elástico de mi tanga tocando mi ya abultado clítoris. Arqueo la espalda, un escalofrío recorre mi cuerpo, vibro y lanzo un suspiro buscando algo de alivio.

– Me enloquece que estés así de húmeda, suave y caliente para mí.

Con la otra mano levanta más mi vestido para atravesar mi sujetador y atrapar mi pezón con su boca que ya está tan duro y sensible que me duele. Desliza el dedo del clítoris a mi abertura y entra con él en mí, yo gimo y cambia un dedo por dos. Me mira fijamente mientras me pregunta si me gusta y me pide que no cierre los ojos. Siempre le ha gustado que los tenga bien abiertos y le mire fijamente mientras me corro para él.

– ¡Ahhhhhhh! Bésame. -Le suplico.

Me agarra con fuerza, enreda su lengua con la mía y aumenta el ritmo de sus movimientos en mi sexo. Gimo en su boca y siento una oleada de placer incontrolable hasta que pierdo la razón y tenso el cuerpo a la vez que convulsiono.

Sigue masturbándome con sus dedos mientras su boca y la mía no se despegan. Estallo en un orgasmo mientras me aferro a todo su cuerpo para sujetarme de tal sacudida y después de un largo rato empiezo a relajarme y a bajar la respiración mientras le beso con más calma percibiendo su boca suave, sus labios atrapando los míos con ternura, pasión y deseo.

Le desabrocho el pantalón dejándolo caer y tras él bajo sus calzoncillos. Observo su erección apoyada en su vientre, está muy duro. Se afloja el nudo de la corbata y se desabrocha los botones de la camisa mientras yo le quito los gemelos.

– Necesito estar dentro de ti. No puedo esperar más.

Me gira y desabrocha los botones de mi vestido me le desliza por los brazos y lo deja caer después se agacha y baja mi tanga, me da un toque en un tobillo y luego en el otro para que salga de él.

– Echaba de menos tu piel suave, me susurra.

Nunca me he sentido tan expuesta y eso que hemos follado de todas las formas posibles y conoce a la perfección cada milímetro de mi cuerpo. Pero no podía evitar sentirme ese día más desnuda de lo normal y nerviosa al mismo tiempo.

Me agarra la mano y tira de mí hacia el sofá de cuero que tiene al lado de la ventana. Desde ahí veo la calle, el ritmo de la gente y de los coches en la ciudad, a pesar de que estamos a mucha altura. Observo que las ventanas son láminas de espejo y desde fuera nadie puede vernos.

Siento como su polla me presiona y juguetea alrededor de mi clítoris. Está muy resbaladiza. Me agarro a su cuello clavándole las uñas al sentirla así de dura y una contracción vuelve a sacudirme todo el cuerpo.

– Fóllame, -le digo en un tono firme con las piernas bien abiertas y mi sexo palpitante. Pega su boca a la mía a la vez que me la mete toda de una embestida.

– ¡Aaahhhhhh! -gime con voz ronca-. No imaginas cómo te he echado de menos. No te muevas. Siénteme.

Me arqueo más hacia su cuerpo e intento no moverme aunque es algo que me cuesta mucho cuando estoy así de excitada y él lo sabe.

Siento como convulsiona su erección dentro de mí llenándome toda. Me agarro a sus brazos y se los acaricio mientras llego con mi boca a su cuello.

– Me vuelves loco, si tú. Sólo tú. Dame tú boca. -Obedezco y nuestras lenguas se enredan desesperadamente.

Su voz cada vez más ronca me enciende aún más.

– ¡Ohhhhh! vuelvo a temblar y aprieto mis caderas pidiéndole que se mueva, no puedo con esta tortura más…

– ¡Shsssssss! tranquila, no voy a parar de follarte hasta que me lo supliques.

Comienza a salir y a entrar dentro de mí, su ritmo es perfecto. Le miro y sonrío agradeciendo cada uno de sus movimientos. Yo no puedo dejar de gritar con cada embestida y él gime cada vez más ronco y fuerte. Le clavo las uñas en la espalda y acelera el ritmo, es más firme y agresivo. Tenemos las frentes a muy escasos milímetros y estamos empapándonos en nuestra mezcla de sudor. Encajamos a la perfección y siente cómo mi vagina empieza a convulsionar.

– ¡Vas a correrte preciosa! -Y La dureza de su penetración se hace aún más fuerte.

– ¡Siiiiiiii, asíi! -Oleadas de un placer inmenso recorren todo mi cuerpo, le clavo más las uñas, se me nubla la vista, abro más las piernas para recibirle entero y empiezo a sacudir el cuerpo cuando me invade el intenso orgasmo.

– ¡Ohhhhhh!, me vas a matar… -Gime, hunde su cara en mi cuello y siento su polla aún más dura en mi interior. Va a correrse.

– Tómalo todo, siéntela. -Susurra en mi oreja. Y siento como tiembla dentro de mí mientras la aprisiono con fuerza y detecto cada chorro llenándome.

Nos quedamos inmóviles, empapados, y muy satisfechos mientras empezamos a disminuir la intensidad de nuestras respiraciones. Se desliza y se sienta a un lado del sofá para coger aire me lleva con él y estoy encima suyo agarrándole por el cuello. Nos miramos y nos besamos de forma más calmada mientras acaricia mi espalda y enreda en mi pelo.

– Me encanta tu boca.

– Y a mi la tuya. -Le digo.

Voy a levantarme pero me agarra con más fuerza.

– ¿En qué piensas? -Pregunta.

– En lo mucho que te amo.

Me sonríe, con una de sus sonrisas más deliciosas.

– No vas a irte, te quedarás conmigo. Quiero estar toda la noche dentro de ti.

Entramos en la habitación del hotel y me propone darnos un baño. Nada me apetece más que sumergirme en agua en este momento. Lo prepara y entramos en la bañera. Me siento delante de él y me enjabona el cuello y la espalda, el placer de sentir los chorros de agua y sus caricias en mi espalda hacen que cierre los ojos y me olvide del mundo.

Siento su erección en mi espalda y sonrío al mismo tiempo que me giro para mirarle y quedo de rodillas ante él. Agarro su pene con mi mano, echa la cabeza hacia atrás y suspira. Observo como gotas de líquido preseminal asoman en la punta, me agacho y las recojo con mi lengua.

– ¡Ahhhhhh!, no sé como he podido estar tanto tiempo sin ti, sin esto. -Susurra.

Me la meto poco a poco en mi boca hasta tenerla toda dentro, hunde los dedos de sus dos manos en mi pelo y jadea.

– Me enloquece tu boca mi amor.

Le miro y succiono bien su polla que cada vez está más gruesa y me hace abrir un poco más la boca. Empiezo un ritmo lento y acompasado saboreando cada milímetro de ella y recorro el capullo con mi lengua antes de volver a metérmela entera. Nuestras miradas se cruzan y aprieta más mi cabeza. Noto la humedad que me está empapando mi sexo dentro del agua.

– ¡Asíii! toda para ti. Vas a volverme loco. -Me dice mientras sigue mirando la escena.

Subo y bajo con mi boca, mis pechos entran y salen del agua. Los alcanza con sus manos y me pellizca los pezones que están iguales de duros que él. Voy aumentando el ritmo y sus jadeos son cada vez más intensos.

Noto como pone rígido todo el cuerpo se aferra a mi cabeza apretándola hacia abajo y suelta un rugido ensordecedor mientras explota dentro de mi boca inundándome hasta mi garganta.

Le miro y sus ojos brillan intensamente. Permanece mirándome con la boca muy abierta y la cara desencajada mientras convulsiona y me sigue llenando la boca. Me levanta la cara me la agarra con las dos manos y se incorpora hasta mi para besarme y limpiarme la comisura de mis labios con su lengua. Nos fundimos en un beso largo en el que sentía su agradecimiento por tal placer y satisfacción.

Me envolví en la toalla y entré en la habitación. Me la quitó dejándola caer, me senté en la cama y me echó hacia atrás con las piernas flexionadas y abriéndomelas bien se puso delante de mi sexo. Me sentía más expuesta a él que nunca y mis pechos empezaron a subir y bajar por mi respiración ya acelerada. Comenzó a tocarme por todo mi sexo, con sus dedos, haciendo círculos alrededor de mi clítoris.

– Me encanta que estés así de caliente y mojada. Me gusta lo que veo es precioso.

Me apretó el clítoris a la vez que lo masajeaba con sus dedos, me agarré fuerte a las sábanas y comencé a correrme gritando su nombre.

Me abrió más las piernas y hundió su cara en mi sexo lamiéndome y pasándome la lengua por mi clítoris, estaba salvaje, me chupaba cada vez más deprisa, sentí como introducía dos dedos dentro de mí y los movía con fuerza entrando y saliendo con ellos de mi vagina mientras seguía chupándome. Le tocaba y apretaba fuerte la cabeza, abría más las piernas estaba volviéndome loca.

– ¡Ahhhhh!, ¡siiiii!.

– ¿Te gusta?

– No puedo más me corro ya.

Sus dedos entraban y salían mucho más deprisa, su lengua era mucho más rápida, perdí la razón y estallé, gritando, jadeando y convulsionando todo mi cuerpo durante un largo rato.

– Estás deliciosa, -dice pasándose la lengua por sus labios.

No puedo moverme, este último orgasmo me ha dejado sin fuerzas, y las piernas no dejan de temblarme.

– Voy a pedir que nos suban algo de comida y algo para beber, necesitaremos recuperar fuerzas para el resto de la noche.

Durante la cena puso el hilo musical y estuvimos hablando de cómo nos había ido en el trabajo en este último periodo que habíamos pasado sin vernos. También recordamos algunas anécdotas nuestras del pasado que nos hicieron reír. Ya me notaba algo afectada por el vino y me sentía relajada y feliz.

No dejamos de mantener el contacto físico, acariciándonos y besándonos, sentados el uno muy cerca del otro en los sillones que tenía la habitación junto a una mesa.

Me agarra de la mano y tira de mí para que me levante, quedo de pie justo enfrente de él que permanece sentado, pasa un dedo por mi sexo, se lo lleva a la boca y lo chupa muy lentamente mientras me mira fijamente.

-Mmmmmm, qué bien sabes…

Vuelve a repetir el mismo movimiento y posa el dedo en mis labios. Abro la boca y me le introduce en ella para que pueda saborearlo. Con este gesto ya estoy otra vez muy húmeda y deseándole de nuevo. Miro hacia abajo y noto como él también está de nuevo ya preparado para mí.

Me siento encima de él, y noto como su capullo acaricia y roza mi clítoris. Está resbaladizo y nos movemos para mantener esa fricción que tanto nos gusta. Subo un poco para rodearle la cintura con mis piernas y poder sentirla toda dentro de mí.

Emitimos un jadeo al unísono, cuando entra en mi interior. Estamos muy pegados y mis pechos chocan en el suyo, enredamos nuestras lenguas mientras me quedo ahí, inmóvil, clavada en él y sintiendo sus palpitaciones en lo más profundo.

Apoyo mis brazos en su nuca y me levanto despacio sintiendo como resbala en mi hendidura. Bajo, me agarra por la espalda y vuelve a clavarla de una estocada en mí. Ya estoy perdiendo el control y mis movimientos de abajo a arriba van aumentando y haciéndose cada vez más rápidos. Mi excitación crece por segundos al sentirme tan invadida por su polla. Perdemos el control y todo ritmo. Mis pechos saltan desbocados, echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos.

– Mírame, -me exige con una voz penetrante y feroz-. Voy a correrme y a inundarte toda, córrete conmigo preciosa.

– ¡Ahhhhh! -Grito-. Le miro fijamente. Sus palabras han hecho que mi interior palpite y comience ese estado de éxtasis, que ya no puedo parar.

Me tiene agarrada por las nalgas y me aprieta con fuerza de arriba, abajo. Chillamos al compás y nuestras miradas permanecen clavadas. Siento como está disparando dentro de mí al mismo tiempo que noto como convulsiona mi vagina para vaciarse también en él.

Un orgasmo tan intenso que no recordaba otro igual. Me dejo caer y apoyo mi cara en su hombro con la respiración aún muy agitada, puedo sentir el ritmo de su corazón latiendo fuerte. Siento como chorrean nuestras piernas de nuestros líquidos pero permanecemos así, él dentro de mí e intentando frenar nuestras pulsaciones abrazados.

Tras una ducha nos tumbamos en la cama, no se nos borraba la sonrisa de satisfacción de la cara y no dejamos de acariciarnos, juguetear y besarnos. Debía ser muy tarde, pero perdí la noción del tiempo y en ningún momento tenía ni idea de que hora era.

Sentí el peso de su pierna y su brazo rodeándome por atrás mientras me hablaba.

– ¡Shhhhhh!. -Ya está-. Estás soñando.

Al abrir los ojos vi que se estaba haciendo de día y comenzaba a entrar algo de luz por la ventana. Mis mejillas estaban mojadas y pude saborear el salado de mis lágrimas al pasar la lengua por mis labios.

– ¿Otra vez esa pesadilla que tanto te atormenta? Me acariciaba y apretaba con fuerza.

– Es horrible, no quiero soñar más con ello.

– Ya está, sabes que es sólo una pesadilla y no es verdad. Eso no va a ocurrir jamás. Pero ahora voy a hacerte el amor muy despacio ya que ayer no tuve tiempo de eso y así haré que vuelvas a la realidad. No te alejes nunca más de mí por ese sueño ¿entendido?

Me arrancó una sonrisa, asentí y le reclamé su boca. Me besó muy dulcemente y dejó de hacerlo para clavarme la mirada y decirme:

– Te amo

– ¿Todavía?

– Siempre.

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